miércoles, 27 de mayo de 2009

Capítulo 3 (parte 1)

Bueno, tal como prometí, así sea un poco incómodo de leer también, aquí va el capítulo 3 de la historia con el toque romántico que esperaban los lectores románticos. Éste está inspirado en mi novio aunque no sé bien por qué.

Capítulo 3

Thelma

Al día siguiente, Nojucon se despertó de un sueño inquieto. “Lolita, Lolita, Lolita” se oía que gritaba alguien. Cuando estuvo completamente consciente se dio cuenta de que se trataba sólo del llanto de su hijita bebé. Sin embargo, él saltó de la cama porque tenía un mal presentimiento. Corrió hacia el cuarto de Lolita y vio que allí efectivamente faltaba ella. Ingrid se despertó, alarmada al oír a Nojucon moverse con tanto nerviosismo y descubrir que su hija adoptiva no se encontraba en la casa. Alterada, la mujer buscó en el armario (el típico escondite de un niño cuando había hecho algo malo) y descubrió que allí no sólo no se encontraba la pequeña sino que tampoco su ropa ni sus juguetes. ¡Alguien se había deshecho de ella! Y, lo peor de todo, era que todos sabían de quién se trataba.
El chico responsable del secuestro no apareció en la casa hasta las diez de la mañana. Estaba todo ojeroso y tenía los ojos hinchados. Al verlo, Nojucon se arrojó sobre él y lo golpeó contra la pared.
- ¡¿Qué le hiciste a la nena?! ¡¿Dónde está?! – le gritó, con la voz entrecortada.
- ¡No le hice nada, te lo juro! – gritó su amigo, con voz débil porque apenas podía respirar.
- ¡¿Dónde está?!
- En un lugar donde nadie la va a lastimar. Está viva y está sana, te lo juro. – aseguró Rekemel, tratando de no llorar. Nojucon se lo había prohibido.
Entonces, alguien golpeó la puerta y la mujer de la casa abrió. En el umbral se paró una mujer de pelo rojo cobrizo y largo hasta la cintura, ojos color miel, cara regordeta, labios carnosos y pechos inmensos. Llevaba un vestido de color rojo oscuro y ajustado que resaltaba su hermosa pero extravagante figura. Ingrid, al toparse con esta mujer desconocida, la miró con recelo. Nojucon soltó a su amigo y corrió a abrazar a este huésped con tanto entusiasmo que Ingrid se puso celosa y empezó a pensar en una excusa para salir de la sala sin parecer maleducada.
- Ingrid, te presento a Mora, – le dijo su marido, riendo ante la mirada de rabia que le dirigía Ingrid a esa tal Mora. – mi hermana de sangre. – Ingrid se ruborizó ligeramente y saludó a su cuñada sin hacer ningún comentario.
- ¿Y qué te trae por acá, hermana? ¿Buenas o malas noticias? ¿Y qué hiciste con tu cuerpo? Parecés una “femme fatale”. – exclamó Nojucon, admirado y entusiasmado de ver a su hermana.
- Buenas y malas noticias. – contestó la mujer, alegremente. – Estoy así porque acabo de salir de una fiesta de gente rara. Tenía que infiltrarme porque Pancho Ruiz me había dicho que allí se encontraba mi hijo.
Nojucon suspiró fingiendo enojo por la actitud de su sobrino. Pancho Ruiz era un muchacho que había desarrollado al máximo el don de la adivinación por medio de las cartas y era famoso porque sus predicciones, además de ser certeras, eran casi siempre claras. Pocas veces había lecturas ambiguas por lo que la gente no dejaba de acudir a él ante cualquier duda acerca de su futuro. Nojucon varias veces había ido a verlo pero nadie de su familia sabía ni cuándo ni qué preguntaba.
- Pero ésas no son las noticias. – murmuró Mora, poniéndose seria.
- Vení, sentate, vamos a tomar algo. – la invitó Ingrid, intentando redimirse por su actitud inicial. Hizo aparecer sobre la mesa del comedor un mantel, un equipo de mate y un plato con distintos tipos de pasteles. Todos los que estaban en la casa se sentaron a la mesa menos Ingrid, quien se puso a preparar el biberón para cesar el insistente llanto de su hijita (que seguía en la cuna del cuarto de la pareja).
- ¿Y por cuánto tiempo te quedás, Mora? – inquirió su hermano, alegremente mientras preparaba un mate amargo.
- No, dulce, hermano. – lo reprendió ella suavemente. – Ya estoy harta de lo amargo. Ese clima de hospital me traumó para toda la vida. Nunca más pienso pisar un lugar así. – Nojucon recordaba la primera vez que había conocido a su hermana. Ella era sólo unos años mayor que él y estaba vestida de enfermera (entonces, él tenía ya quince años y ella, dieciocho). Había pasado toda su niñez a la orden de los doctores del hospital porque ella era demasiado obediente y eso resultaba un peligro si se la dejaba libre (tanto para la muchacha como para el hospital y sus investigaciones). – No sé, pensaba quedarme hasta mañana si no tienen problema en hospedarme.
- No, para nada, tenemos “justo” una cama libre. – Nojucon acentuó esta frase mientras le dirigía a Rekemel una mirada asesina. Al comprender, Rekemel se sonrojó y se quedó mirando su trozo de pastel de chocolate con un poco de repugnancia ya que tenía un nudo en la garganta.
- No maltrates al pobre Rinnie, él no tiene la culpa de que tu hija haya desaparecido. No puede haberla llevado donde estuviese en peligro, él tuvo siempre un fuerte sentimiento de responsabilidad hacia ella. – lo defendió Mora. Todos la miraron completamente pasmados. Nojucon no comprendía cómo su hermana sabía la última noticia, Ingrid no se imaginaba a Rekemel haciéndose responsable de Lolita (porque se la había llevado de la casa y porque no la soportaba) y Rekemel no se esperaba que alguien le cambiase el nombre con tanta naturalidad.
- Mora… Mora… mi… amigo no se llama así… - la corrigió Nojucon, nervioso repentinamente – se llama Rekemel. ¿Entendés?

1 comentario:

  1. Proximamente te pedire palomitas, digo, para comer algo mientras me entretengo leyendo tu historia, es lo justo, ¿no? ;), sigue asi, mi estimada. Un saludo :)

    -L.

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